Síntoma, capitalismo y segregación.
O de cómo opera con el goce la época actual
1. El síntoma ante la pérdida de sentido.
El objetivo de este pequeño escrito es poder situar algunos elementos que nos permitan reflexionar sobre el tratamiento que la época hace del goce. Por lo tanto, el énfasis estará puesto en las transformaciones a nivel de la producción de la subjetividad y en la manera en que la cultura actual se las arregla con el malestar inherente a esta.
Por el hecho mismo de vivir en cultura, hay algo del goce mismo, mítico que es sustraído en la operación subjetiva, sustracción que el hablanteser intentara restituir en un exceso, un plus que nunca llega a restablecer una completitud del goce, sino más bien, relanza la producción de un resto irreductible.
No hay cultura sin malestar y con Freud sabemos que este es un dato estructural. Pero ante esto, la cultura le posibilita al sujeto dar diferentes respuestas, modos de arreglárselas con el malestar, formas de paliar el dolor de vivir. Dentro de esta lista podríamos ubicar al amor, la religión, el delirio, la sublimación, el síntoma, como también podríamos incluir los narcóticos, legales o ilegales, auto indicado o recetado. La particularidad de todas las anteriores, respecto a la última, y esto es una indicación de Freud que la leeremos en clave lacaniana, es que las drogas pueden producir un desenganche respecto del Otro, y es ese desenganche lo que se vuelve peligroso.
Las adicciones nos sirven así como un paradigma de un fenómeno propio de la época, de una cierta particularidad de los síntomas de la época, que no solo encontramos en el uso de las drogas. El síntoma actual se caracteriza por un desenganche, un descolgamiento del Otro del lenguaje, del Otro Social. El síntoma actual se presenta en una modalidad de respuesta al malestar en donde se prescinde del Otro.
Si la respuesta sintomática de la época nos muestra un síntoma desenganchado del Otro, desenganchado del registro simbólico, este pierde esa cualidad de descifrable. A diferencia de los síntomas llenos de sentido de la época de Freud, en la actualidad nos encontramos con síntomas vaciados de sentido, donde pareciera que faltara ese recubrimiento significante que hace de esa formación del orden de lo inconsciente. Podríamos decir que nos encontramos con el síntoma en su nivel pulsional, desprovisto del recubrimiento significante que lo enlaza al Otro.
Esto sería efecto de lo que se ha llamado “La Caída de los ideales”. Si lo que da sentido al síntoma es el Nombre del Padre, ante la caída de este, los síntomas aparecen desligados de lo simbólico. La perdida de los sentidos de la época trae aparejado una pérdida de sentido de los modos en que el sujeto se las arregla con el malestar. El síntoma se presenta así descubierto, mostrando su núcleo toxico de goce.
2. Efectos de segregación.
El síntoma actual como desenganchado del Otro, nos introduce a la problemática de la segregación del Otro. Tanto la que el sujeto hace del Otro, como la que el Otro Social ejerce sobre el sujeto.
En términos de lo anterior, la segregación es la operación por la cual el Otro social obliga a ceder ese poco de satisfacción en aras del bien común, del “Para todos”. La paradoja que produce la época actual, es que en la medida que son mayores las libertades y el bienestar, se incrementan los efectos de segregación.
Por un lado, la segregación es un efecto estructural del lazo colectivo, es decir, los sujetos son nombrados por el Otro por su “Gozan” (ej. El toxicómano) “En el desvarío de nuestro goce solo existe el Otro para situarlo”[1]. En la medida que el Otro nombre nuestro goce, este es localizado, regulado por el Otro, el problema surge cuando esa nominación esta al servicio de la exclusión y de la imposición de abandonar ese goce en remplazarlo por el goce del Otro.
La Época actual y el discurso capitalista que la caracteriza, tiene la tendencia a dar una respuesta única y globalizada al malestar, a través de un goce único y “Para todos”, dejando fuera y segregando las modalidades particulares de goce. Esa respuesta del capitalismo es el consumo, los objetos de consumo creados por la ciencia tecnológica, como manera no de responsabilizarse del propio malestar, sino, de modo de toponear el vacio inherente del viviente humano. El mundo queda dividido así entre consumidores y deprimidos, entre los que tienen acceso a los objetos del mercado y entre los que no lo tienen, los que no entran en la lógica del “para todos” de la felicidad. A mayor supresión de las diferencias, a mayor homogenización de los modos de goce, mayor seria la segregación.
Las políticas públicas, enmarcadas en este “para todos”, generan una mayor imposición de un goce único, que produce como respuesta una oposición, una mayor resistencia de los modos singulares. Las políticas públicas intentaran reintroducir este resto, este plus, con la intención de eliminar la brecha del malestar, lo que generara nuevas resistencias y nuevas segregaciones, ya que por estructura, el resto es irreductible.
“La segregación opera sobre los rasgos diferenciales con una lógica del todo produciendo dos conjuntos ordenados, jerarquizados e identificados. De estos dos conjuntos, uno funda la colectividad, el otro es definido por exclusión”[2]
Como nos indica Lacan, esto emparenta a la segregación con el racismo, el cual estaría definido como el odio al goce del otro, no soportar el goce del otro, el semejante, en la medida que ese semejante es ubicado por cómo se las arregla con su ser de goce.
“En el desvarío de nuestro goce solo existe el Otro para situarlo, lo que no se podría es abandonar a ese Otro a su modo de goce, sino a condición de no imponerle el nuestro, de no tenerlo como un subdesarrollado”[3]
Abandonarlo a su modo de goce, a condición de no imponerle el nuestro, no tomarlo como un subdesarrollado, no es parte de la lógica del discurso del amo. El discurso del amo, mas bien, el del capitalismo, esa torsión del discurso del amo que se articula con la producción científica tecnológica, opera en una lógica de control del goce del otro, bajo la forma de imponerle “un goce”, en un control y uniformización de los modos de gozar. Esto engendra el peligro del campo de concentración, de concentración de goce. Los intentos sociales de las políticas públicas de reeducar, prevenir, de establecer medidas de seguridad curativas, tienen el riesgo de encubrir formas renovadas de racismo.
3. Un plus de capitalismo.
Lipovetzky nos propone que la sociedad posmoderna, no es un más allá del consumo, sino, su apoteosis, su extensión hasta la esfera privada. Por esto, el autor llamara a esta época como la hipermodernidad. Estaríamos así en la época del capitalismo global, la cual produce un efecto de actualización de un plus de gozar, lo que podríamos entender, retomando la lógica de la segregación, como un intento de reintroducir el resto, el plus de goce que produce la operación subjetiva. Operación que no puede cesar de producir efectos en dos vertientes. Pulsión de muerte y restauración (nostalgia) de un amor al padre muerto, es decir, en palabras de Laurent; Fundamentalismo y narcocapitalismo.[4]
Miller caracteriza este capitalismo global como una “prevalencia del plus de goce sobre el ideal”. Al desvanecerse un ideal que regule la relación del sujeto con el plus de goce, nos encontramos ante el puro imperativo de goce. “Lo que llamamos discurso capitalista es sin duda, una forma del discurso del Amo, pero no es capaz de refrenar al superyó, opera mas bien al servicio del superyó”
El discurso capitalista se formaría en un movimiento circular, donde en primer lugar, no se encuentra una barrera al goce, porque siempre hay reintroducción de resto; Ni relación con la verdad; hace aparecer en lo real el objeto mismo (Los objetos de consumo); crea una relación del sujeto con el plus de goce que no pasa por los vínculos sociales.
De esta manera los objetos de la tecnología logran un imposible, un goce técnico a la disposición de todos por igual.
Para terminar quisiera citar una reflexión de Eric Laurent.
“Si antes de la segunda Guerra mundial denunciaban la tiranía del narcisismo, de ahora en más es la época del develamiento del objeto tirano. La indicación dada por Jacques-Alain Miller en ocasión del Congreso de la AMP en Comandatuba en 2004, es no quejarse de las consecuencias de ese develamiento que podemos leer en los síntomas que a los lazos sociales. El psicoanálisis contribuyó a este develamiento y ayuda a situar las consecuencias”
[1] Lacan, J. Radiofonía y televisión.
[2] Tarrab, M. “La segregación del Otro” en “Sujeto, Goce y modernidad III”
[3] Lacan, J. Radiofonía y televisión.
[4] Laurent, E. “Apuestas del congreso del 2008: el objeto a como pivote de la experiencia analítica”, en “Lo inclasificable de las toxicomanías”.
Comentarios